Procedimientos de enfermería al paciente moribundo
Los pacientes moribundos pueden tener necesidades diferentes a las de otros pacientes. Para que sus necesidades puedan ser satisfechas, estos pacientes primero deben ser identificados.
Con la primera trayectoria (p. ej., en el cáncer progresivo), la evolución de la enfermedad y el momento de la muerte tienden a ser más predecibles que con las otras trayectorias. Por ejemplo, con la disfunción prolongada (p. ej., demencia grave), la muerte puede ocurrir repentinamente a causa de una infección, como la neumonía.
Con la disfunción progresiva irregular (p. ej., insuficiencia cardíaca), las personas que no parecen estar cerca de la muerte pueden morir repentinamente durante una exacerbación aguda.
Como resultado, aunque puede ayudar conocer la trayectoria de declive funcional, aún así suele ser difícil estimar con precisión el momento de la muerte.
Los pacientes deben participar en la toma de decisiones tanto como les sea posible. Si los pacientes carecen de capacidad para tomar decisiones de la atención médica y tienen un poder notarial para la atención médica, la persona designada por ese documento toma las decisiones de la atención médica. Si los pacientes no tienen ningún representante autorizado, los médicos suelen conferir la decisión a los familiares más cercanos o, incluso, un amigo cercano para enterarse de lo que serían los deseos del paciente. Sin embargo, el alcance exacto de su competencia y la prioridad de los sustitutos permitidos varían según la jurisdicción. En los lugares donde los encargados de la toma de decisiones sustitutos por defecto están autorizados, el orden de prioridad típico es el del paciente
- Cónyuge (o compañero doméstico en jurisdicciones que reconocen este estado)
- Niño adulto
- Padre
- Hermano
- Otros familiares o un amigo cercano (posiblemente)
Si más de una persona tiene la misma prioridad (p. ej., varios hijos
adultos), se prefiere el consenso, pero algunos estados permiten que los
médicos se basen en una decisión de la mayoría.
Comunicación y clarificación de los objetivos
Un error común es presumir que los pacientes y sus cuidadores comprenden la evolución de la enfermedad o reconocen cuando la muerte es inminente; ellos necesitan que se les diga específicamente. Cuando es posible, se debe dar una serie de probabilidades de tiempo de vida, quizás asesorándolos a "esperar lo mejor, pero planificar para lo peor." El asesoramiento temprano a los pacientes les proporciona tiempo para lidiar con sus cuestiones espirituales y psicosociales y para deliberar y tomar decisiones razonadas sobre las prioridades para su cuidado y su patrimonio.
Las prioridades pueden diferir cuando afrontan la muerte. Por ejemplo, algunas personas valoran la prolongación de la vida, incluso si causa molestias, cuesta dinero o es una carga para la familia. Otras personas identifican objetivos específicos, como mantener la función y la independencia, o aliviar los síntomas, como el dolor. Algunas personas están más preocupadas con la búsqueda de perdón, reconciliación, o la manutención de un ser querido.
Los planes anticipados de la atención deben ser documentados y fácilmente
accesibles a otros proveedores de atención de la salud (p. ej., servicio de
urgencias) para ofrecer la mejor oportunidad de lograr la atención deseada del
paciente. Las decisiones sobre tratamientos específicos pueden ser útiles. Por
ejemplo, la reanimación cardiopulmonar y el traslado a un hospital por lo
general no son deseables si la muerte es inminente; por el contrario, ciertos
tratamientos agresivos (p. ej., transfusiones sanguíneas, quimioterapia) pueden
ser deseables para aliviar los síntomas incluso si la muerte se espera en pocos
días.
Recomendaciones
Las actitudes y conductas del personal sanitario tienen consecuencias directas para el enfermo. Este principio de partida justifica la necesidad de que asimilemos correctamente estos criterios:
- Asumir que la profesión de Enfermería brinda a sus profesionales la oportunidad especial de ayudar y confortar al moribundo, así como de proporcionar consuelo y comprensión a sus familiares, en un momento muy difícil y de acuciante necesidad de apoyo humano.
- Que el Equipo de Salud se proporcione respaldo y comprensión mutuamente, ya que el asumir los profesionales de la salud (y especialmente los de Enfermería) la responsabilidad de un proceso terminal puede resultar sumamente estresante. Este "espíritu de equipo incidirá directamente en la calidad de los cuidados al paciente terminal, optimizando por ello la satisfacción de sus necesidades.
- Animar al Equipo de Salud a escuchar (y a parecer siempre dispuesto a hacerlo) a los pacientes que deseen hablar de sus miedos y temores. Procurar una relación franca y sincera entre el Equipo de Salud y el paciente y sus familiares.
- No ser demasiado estrictos con las normas y protocolos de la institución donde trabajemos a la hora de aplicarlos, sino más bien adaptarlos a las necesidades de cada enfermo. Así evitaremos la pérdida de autocontrol en el paciente y los consiguientes efectos estresantes, depresivos y de indefensión.
- En cuanto a dar información al paciente sobre el pronóstico de su enfermedad, no podemos negar al enfermo tanto el derecho de conocer la verdad como de no querer conocerla. Así pues, habrá que valorar si lo desea y es conveniente o no, por medio del trato directo con él, a través de sus preguntas, actitudes y también valorándolo con la familia. No se puede decir ni negar la verdad por sistema.
- Agilizar si estuviera hospitalizado, si el paciente y/o familia lo desean y resulta conveniente, la alta voluntaria. De esta manera el paciente puede morir en su hogar, en un ambiente íntimo rodeado de sus familiares y amigos.
- No extremar las medidas terapéuticas para alargar la vida a costa de aumentar el sufrimiento del paciente o alejarlo del contacto humano. Quizá, así, en lugar de alargar la vida se está alargando la muerte.
- Tener unos criterios útiles para el uso y administración de fármacos, a fin de adecuarlos a la situación de enfermedad terminal y a su objetivo de confort, teniendo en cuenta la dificultad de administración.
- Ofrecerle al paciente la posibilidad de ayuda religiosa en las horas finales de su vida, si así lo desea.
- Ayudar y orientar a los familiares en las formalidades postmortem: cumplimentación de impresos, derivación a otros profesionales (trabajador social, sacerdote, etc.).
- Trabajar con profesionalidad: si personalmente no deseamos plantearnos el tema, al menos como algo cotidiano en nuestro trabajo debemos aceptar que el fin de toda vida es la muerte. Esto, por supuesto, sin llegar a la frivolidad que se observa en muchos profesionales, que parecen estar tan acostumbrados que no personalizan la situación, comprendiendo el sufrimiento tanto del enfermo como de la familia.
- Por último, contemplamos la asistencia a la familia en el duelo, intentando en la medida de lo posible evitar la aparición del duelo patológico.





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