ALIMENTACIÓN ASISTIDA DEL PACIENTE HOSPITALIZADO

 

ISAAC DE JESÚS BOCANEGRA DÍAZ 

ALIMENTACIÓN ASISTIDA DEL PACIENTE HOSPITALIZADO

La alimentación es una parte medular para la sobrevivencia. Y en el caso de los pacientes con dependencia, es fundamental complementarla con una serie de hábitos saludables que le aporten un equilibrio y así evitar complicaciones en su calidad de vida.

Todo cuidador conoce los retos que representa la alimentación de un paciente dependiente, que van más allá de ofrecerle una dieta balanceada. Puede ocurrir que no quiera comer o presente ciertos problemas para hacerlo adecuadamente.


¿Qué hacer si el paciente requiere de asistencia para alimentarse? 
 
Puede ocurrir que tu paciente requiera de tu ayuda para comer. Para asistirlo en este proceso, se requiere de la mayor cantidad de cuidados necesarios. 
 
Prueba lo siguiente:
  • Crear un ambiente de comunicación para que el paciente se sienta lo más cómodo posible al indicarle que ha llegado la hora de comer. Procura que coma en un lugar siempre limpio, iluminado y tranquilo.
  • Explicarle cómo será el procedimiento y los alimentos que se consumirán.
  • Lavarse las manos y asistir al paciente para hacer lo mismo.
  • Acomodarlo para que quede semisentado.
  • Colocar la mesa con la bandeja al alcance del paciente para su mayor comodidad.
  • Dar el tiempo suficiente para la ingesta.
  • Estimular la ingesta y, con mucha paciencia, administrar cantidades pequeñas.
  • Al terminar, retirar la bandeja y los instrumentos utilizados.
  • Realizar aseo bucal y de manos.
  • Mantenerlo semisentado al menos por una hora para evitar una broncoaspiración (aspiración accidental de sólidos o líquidos por la vía aérea).


¿Cómo actuar cuando tiene problemas de deglución? 
 
Hay ciertos alimentos muy nutritivos que pueden ayudar en estos casos y garantizando una nutrición e hidratación adecuadas. 
 
Toma en cuenta lo siguiente:
  • Adaptar la textura de los alimentos sólidos y líquidos para una alimentación segura.
  • Para lograr que ingieran suficiente líquido, una buena opción es la gelatina.
  • PREFERIR: Jugos espesos, mantequillas, queso cottage, helados de crema, flanes, omelettes, panes, tostadas, cereales cocidos, panes o galletas sin nueces ni pasas, pastas para sopa, verduras suaves hervidas o en puré, frutas suaves sin pepitas ni piel, plátanos maduros, albóndigas, carne picada con salsas, salsa de carne y pescado suave y sin espinas.
  • EVITAR: Grumos y espinas, jugos de consistencia fina, leche, café, infusiones, huevos con poca consistencia, galletas saladas, arroz o cereales secos, pan tostado, pan blanco suave, frutas y verduras crudas, patatas fritas, carnes secas o a trozos, galletas secas, postres con pasas, nueces, pepitas o coco, caramelos duros y chocolate.

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